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Talento, Talante

John Bury ya nos intentó acercar en los años 20 del siglo pasado a la idea de progreso[1]. Este era un elemento clave para dirigir el impulso de la civilización occidental. Han transcurrido muchos años, pero es evidente que el progreso sigue estando presente en nuestros días y parece no tener límite. Buena parte de este progreso y de esta evolución se debe al talento, como factor clave que el hombre utiliza para mejorar. Cuando hablamos de talento, nos estamos refiriendo a “la capacidad que tiene una persona para aprender cosas y desarrollarlas con facilidad en una actividad”. Esto queda patente en el mundo empresarial en lo que Klaus SchwabFundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial ha apuntado:

“EL TALENTO, NO EL CAPITAL, SERÁ EL FACTOR CLAVE QUE AGLUTINE LA INNOVACIÓN, LA COMPETITIVIDAD Y EL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN EL SIGLO XXI. (…) EL EMPRESARIADO, EN PARTICULAR, DEBE RECONSIDERAR SU PAPEL COMO CONSUMIDOR DE CAPITAL HUMANO "PREFABRICADO", PARA PROACTIVAMENTE BUSCAR, PARTICIPAR Y DESARROLLAR EL POTENCIAL DE LAS PERSONAS”.

[1] Bury, John: “La idea del progreso”. Alianza Editorial (Madrid) 2009 Tweet

Esta idea nos acerca a una realidad evidente: la importancia del talento como motor de la evolución de cualquier estructura social y empresarial. Esto nos lleva a determinar que el capital más importante que tiene cualquier empresa son las propias personas. Vemos así que las herramientas de trabajo deben estar al servicio del ser humano y no al revés. Y otra cosa no menos importante: es el talento del mismo el que ha creado esas herramientas que nos hacen más fácil la vida.

Además, debemos tener en cuenta que el talento es el que aporta las ideas, el que se sitúa en primera línea de la innovación, y que esto es lo que supone un input de mejora, de competitividad y productividad a las empresas. Por tanto, un elemento clave dentro de las mismas debe ser la capacidad para potenciar este talento, es decir, aportar formación e incentivos a los trabajadores que ayuden a desarrollar sus cualidades. Ello repercutirá en una mejora en su trabajo y en la motivación para el mismo. También es fundamental que esto impregne a los líderes, como elementos clave para una buena organización y funcionamiento de la empresa. Podemos determinar, por tanto, que el capital humano y su talento son los motores de cualquier actividad empresarial. Esto no debe alejarnos de otro aspecto a considerar, como es el “talante” de los mismos, su sistema de interrelaciones, sus habilidades comunicativas, su personalidad…

Por tanto, si somos capaces de aglutinar talento y talante, el funcionamiento de cualquier estructura, tanto social como empresarial, obtendrá su máximo rendimiento, ya que tendremos personas capaces de adaptarse a cada momento, a cada situación, a los cambios, siendo capaces de reinventarse y aportar soluciones e ideas que le ayuden a progresar y mejorar. En todo este proceso no podemos olvidar un nuevo elemento que sirve para trabajar, estimular y potenciar mejor el talento: las nuevas tecnologías. Esto se debe a que las nuevas generaciones están acostumbradas a trabajar y vivir en un mundo tecnológico. Por tanto buscan empresas que inviertan en herramientas tecnológicas, que les ayuden a desarrollar mejor su trabajo y, donde se valore la motivación de sus empleados.

Así, la ecuación talento + talante + nuevas tecnologías se ha convertido en un paradigma del que las empresas actuales no deben olvidarse, un  carro al que deben subirse, ya que la interacción de los tres es la que mejor puede llevarles al éxito empresarial y al progreso en un mundo tan competitivo como el nuestro.